La abundancia
de coladas recientes, como las provocadas por la erupción
del Chinyero en 1909, limita la superficie de suelo
cultivable, para lo cual se aprovechan los depósitos
de los barrancos y las llamadas manchas, espacios no
cubiertos por las coladas.
Los primeros repartos de tierra a los colonos se dan
en 1508 y, en 1663, la Corona de Castilla concede sus
tierras en señorío a Fernando del Hoyo
y Solórzano, que crea en 1679 la parroquia de
San Fernando. La casa del Patio, testigo del señorío
de la familia del Hoyo-Solórzano, es de estilo
canario de mitad del siglo XVII.
Los señores Hoyo-Solórzano fueron dueños
del valle de Santiago y sus tierras hasta que las Cortes
de Cádiz suprimen los señorías,
en 1812. Nace entonces el municipio de Santiago del
Teide, que vivió semiaislado, sin carretera,
hasta 1930.
La llegada de la carretera atrajo al valle un espectacular
progreso, que se vería refrendado por la llegada
del turismo a partir de la década de 1960. En
este sentido, los núcleos más importantes
son los de la costa, que está ampliamente urbanizada:
Playa de San Juan, Los Gigantes y Puerto de Santiago.
Uno de los principales atractivos de la zona es la visita,
sirviéndose de una embarcación, al espectacular
acantilado de Los Gigantes, en el Macizo de Teno, que
alcanza los 600 metros de altitud sobre el mar, casi
en vertical.
En las zonas de medianías, con una economía
dirigida sobre todo a la agricultura de autosuficiencia,
se encuentra la capital municipal y caseríos
como Tamaimo y Arguayo, donde perviven las tradiciones
rurales, como la alfarería, con la elaboración
de bernegales, gánigos, calderas...
A los turistas interesados en conocer Santiago del Teide,
se les recomienda visitar el Taller y Museo Turístico
y Paisajístico, la Casa del Patio y Lagares,
la Iglesia de San Fernando Rey, el Mirador del Cherfe,
el Volcán y lavas del Chinyero.
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