La ciudad
logró el reconocimiento de Villa en 1900, por
mediación del cura Pérez. En su plaza,
destaca su famoso gran pino, donde al parecer los conquistadores
instalaron una campana para oficiar la primera misa
tras la batalla.
La Iglesia de Nuestra Señora de La Victoria se
levanta sobre la antigua ermita del siglo XVI, con un
artesonado de estilo mudéjar profusamente decorado.
La economía se sustenta en la agricultura a tiempo
parcial. En las medianías se cultivan papas y
viñedos que proporcionan excelentes vinos. En
las zonas bajas de regadío se cultivan plátanos
y otros productos para la exportación, mientras
que en las zonas altas las papas se combinan con frutales
tales como los ciruelos o manzanos.
Todavía conserva frondosos palmerales, a pesar
del uso abusivo que sufrieron en épocas pasadas.
Algunos ejemplos son el del barrio de San Juan y el
de la zona del Pinar. En la zona de montaña,
se puede apreciar un buen pinar y monteverde, como en
La Hoya del Abade o en Los Dornajos. Su costa se inserta
dentro del paraje protegido de los acantilados del Sauzal
y Tacoronte.
A los turistas se les recomienda la visita a la ermita
y convento de Santo Domingo, a la iglesia de Nuestra
Señora de la Encarnación de Las Victorias,
a la ermita de San Juan Bautista, al Pino Centenario,
nombrado más arriba, y al Barranco Acentejo.
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